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Compañeros de cabina

Compañeros de cabina

Con el mes de agosto llegan las vacaciones, también para los intérpretes.

Atrás quedan las horas de estudio y de navegación para aquel congreso que parecía imposible o aquella rueda de prensa para la que no hubo tiempo de mirarse nada porque la habían convocado al mismo tiempo que te sonó el teléfono por si estabas disponible. Esta primera parte del año juraría que ya no he visto ningún diccionario de papel en una cabina. Los portátiles se han adueñado por completo de la estrecha repisa de turno que suele hacer las veces de mesa de trabajo, con el permiso de las inevitables consolas. Y han hecho su aparición las tabletas, claro. Y cuanto más pequeño y ligero sea el dispositivo, más espacio en la cabina, más flexibilidad para ir de aquí para allí y adaptarte al entorno y a las condiciones de trabajo.

Los aparatos que hemos llevado de aquí para allí, de un congreso a otro, han sido nuestra herramienta, además de la voz, claro, y del número de palabras almacenadas en el disco duro de la memoria de cada uno. Los registros lingüísticos de cada intérprete han sido los de cada uno, los que llevábamos puestos y los que hemos construido día a día, con los primeros sonidos escuchados en la radio de la ducha, pasando por los cotilleos leídos en las revistas de alguna sala de espera, o las palabras intercambiadas por unos turistas  cuando  se han cruzado contigo un instante por alguna calle. En la cabina, cuando no hemos sabido o no hemos recordado  una palabra le habremos dado al Mute y se lo habremos preguntado a la compañera o al compañero.  Otras veces la palabra o la cifra de marras habrá quedado escrita en la hoja de papel situada entre los dos. Durante la temporada hemos trabajado con compañeros distintos, aunque a veces hemos repetido. Con unos o con otros, siempre me he preguntado cómo nuestro cerebro es capaz de intuir cuándo el compañero de turno va a necesitar ayuda para traducir esa palabra que tú sabes o viceversa. Es como si también tuviéramos almacenada una copia de los registros lingüísticos del compañero de cabina.

Una temporada más hemos podido estar ahí,  en primera línea, contando un nuevo avance en medicina que esta vez sí lo será, describiendo una nueva tendencia de prêt à porter que en otoño todo el mundo deseará, presentando un automóvil más sostenible o una crema que prometía terminar con las arrugas para siempre, narrando cada situación en un idioma diferente al de los verdaderos protagonistas. Siempre hemos intentado decir lo mismo aunque con otras palabras. Y la mayoría de las veces lo hemos conseguido gracias al trabajo en equipo, con nuestra concentración, con nuestra entrega y también con nuestros relativos descansos, los treinta minutos escasos del compañero que a ti te han permitido luego ponerle ilusión, treinta más hasta la pausa del café. ¡Felices vacaciones!