Monthly Archives: Octubre 2012

Brindis

Cartel expuesto en el Café San Marco (Major de Sarrià, Barcelona), con motivo del Día Internacional de la Traducción

Como viene siendo tradicional desde hace unos años, los numerosos actos celebrados con motivo del Día Internacional de la Traducción, han tenido un denominador común: la visibilidad del traductor. Un anhelo lógico, teniendo en cuenta los miles de estudiantes de TI que cada año surgen de los 39 centros universitarios de la península.El reconocimiento es otra cosa. ¿Cómo se mide? ¿Por el número de traductores que letra a letra contribuimos día tras día a que el saber sea compartido por unos y otros? ¿Por el número de libros en los que el traductor sale en la portada? ¿Por qué la mayoría queremos traducir los best sellers pero nadie se pega para que su nombre figure en el manual de una aspiradora? Claro, es más glamuroso traducir una novela que volverte loco intentando descifrar lo que habrá querido decir el original del manual de un electrodoméstico que probablemente es fruto de una traducción automática. En ambos casos el verbo tirar es compartido: para traducir el primero, te tiras unas buenas semanas o meses, y el segundo lo tiras cuando le has dado a todos los botones y ves que  ya aspira.

Con todo, es probable que la necesidad de visibilidad y de reconocimiento sean conceptos estrechamente relacionados con las lógicas ganas (y necesidad) del colectivo de ganarse la vida, como cualquier otro, como Céline reivindica en su blog http://mavoisinemillionnaire.com/largent-cest-mal/

Con mejor o peor suerte, la profesión de traductor sigue siendo una profesión creativa, aún a pesar de las exigencias de un mercado que se ha acostumbrado a encargar casi cualquier proyecto para ayer, independientemente de la dificultad del texto y de su extensión. En esta vorágine de palabras, el golpe de suerte, el chollo del texto fácil, creativo, bien pagado y por adelantado se ha convertido en una rareza aunque no por ello resulte imposible. De hecho, cuando surge, suele ser el resultado de un presupuesto detallado y profesional, del trabajo bien hecho y sí, también de la suerte que sonríe más a los que la buscan. Como decía Picasso, «si la inspiración me tiene que venir, que me coja trabajando».

Formación, planificación, trabajo, compartir experiencias y recursos con los colegas de profesión… son elementos casi casi imprescindibles para conseguir vivir de la traducción. A pesar de la crisis, de la competencia –entre las agencias y los propios colegas de profesión– y del torrente de nuevos licenciados que salen con el título o con el máster bajo el brazo, el traductor sigue siendo generoso y comparte su pasión a diestra y siniestra, animando a los recién llegados a hacerse un hueco en el reino de las palabras. La traducción es creación, es vida, y la vida se comparte o no es. Resulta mucho más improbable tomarse unas cañas con unos amigos abogados y que alguno te suelte «vamos, hombre, anímate, hazte juez, que ya verás lo bien que…».

Saber sin estudiar

por Nicolás Fernández Moratín

Admiróse un portugués

de ver que en su tierna infancia

todos los niños en Francia

supiesen hablar francés.

«Arte diabólica es»,

dijo, torciendo el mostacho,

«que para hablar en gabacho

un fidalgo en Portugal

llega a viejo, y lo habla mal;

y aquí lo parla un muchacho».